Las opiniones que aparecen en esta
página pertenecen a los académicos firmantes y no necesariamente expresan la opinión de
la Academia Nacional de Medicina.
* "REFLEXIONES
SOBRE EL ESPÍRITU CRÍTICO EN MEDICINA" - Acad. ALBERTO
AGREST
* -
"EL OCASO DE LA SEMIOLOGÍA"
- Acad. ALBERTO AGREST
*
"LOS CAMINOS DEL MÉDICO JOVEN" - Acad.
ALBERTO AGREST
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Son estas algunas reflexiones
a las que obliga una medicina que cambia tormentosamente y una sociedad
adicta a la novedad, ambas, medicina y sociedad, peligrosamente
insensatas. Me parece que hablar de insensatez obliga a pensar qué es un
pensamiento crítico, es que quizás el pensamiento crítico es la única
protección contra la insensatez.
Es patrimonio del pensamiento científico y filosófico la duda sobre la
veracidad y la validez de las afirmaciones con la convicción que la
duración de las interpretaciones consideradas verdaderas es limitada y
que también es aún más limitado el ámbito de validez de esas verdades.
Como ven son limitaciones que imponen el tiempo y el espacio, la
pretensión de la ciencia es que la duración de sus verdades llegue a ser
eterna y su ámbito universal
Recordemos también que las verdades científicas requieren evidencias
demostrativas controladas que son siempre probabilísticas en su afán
predictivo y en medicina seguramente más exigentes que las
demostraciones observacionales históricas sin control o la casuística
que tiene sólo, pero no despreciable, valor histórico y docente y con
suerte el valor de alerta diagnóstica ante presentaciones similares.
La capacidad observacional nutre la experiencia de los médicos, los
conocimientos abductivos o retroductivos, el uso de la observación de
signos que permiten elaborar una hipótesis con alta probabilidad de ser
correcta para reconocer un pasado. Es la técnica de Sherlock Holmes de
Conan Doyle, la de Zadig de Voltaire y la de Guillermo de Bascavilla el
personaje de Humberto Eco en El Nombre de la Rosa todos ellos inspirados
en los Tres Príncipes de Serendipe de Las Mil y Una Noches. De donde
podría aceptarse que el razonamiento clínico tiene una importante deuda
con Sherazade.Sherazade salvó su vida narrando sus cuentos, los médicos
han salvado muchas vidas con su razonamiento.
Las verdades filosóficas sólo requieren sostenerse en estructuras
lógicas o en el frágil sentido común. Ni las verdades científicas ni las
filosóficas se resuelven por encuestas, por votación, por rumores o por
la seducción de su belleza aunque su armonía ha sido siempre de un
atractivo irresistible. Para evitar caer en esta tentación Popper ha
impuesto el criterio de la falsabilidad, es decir la posibilidad de
probar que una verdad que se afirma puede no ser tal.
La verdad que no acepte esta condición pertenece al reino de las
creencias y no al de la ciencia, tampoco las creencias son despreciables
pero debe reconocerse que renuncian al escepticismo crítico.
Una primera cuestión es si el escepticismo es una mezcla variable de
desconfianza paranoide y credulidad infantil o es algo distinto al de
esos ingredientes originales.
Creo
que el escepticismo es hijo del espíritu crítico algo que comienza con
una credulidad ingenua pero madura que significa que la aceptación es
provisoria, que está sometida a evidencias demostrativas y que las
evidencias demostrativas permiten predicciones que obedecen a principios
probabilísticos. No se trata aquí del escepticismo que cuestiona la
posibilidad de llegar a la verdad sino la que enfatiza la necesidad de
la cautela.
Estos principios exigen un equilibrio emocional que se permita el lujo
de la duda, la contradicción y la incoherencia, la relación
paciente-médico afectuosa debe tener todos estos ingredientes. Para un
hacedor el ropaje de la duda se cae en el momento de la acción y el
médico es un hacedor, le toca actuar.
El conocimiento científico basado en la investigación debe tener
conciencia de que en la investigación se han homogeneizado muestras para
comparar lo que se considera comparable. Esa homogeneización ha excluido
características individuales que suponemos no comparables y ha excluido,
por supuesto, lo que aun ni siquiera percibimos.
Debe reconocerse que lo incomparable y lo imperceptible son tales
provisoriamente y la influencia de esas características puede constituir
incógnitas no expresadas, susceptibles de demostrar en el futuro, el
error relativo de las conclusiones previas.
El problema parece ser que la exclusión de características es mayormente
inconsciente o no detectable con los recursos actuales, quizás la
explicación sea simple, las características que se encuentran son las
que se buscan y lo que no se busca no se encuentra y tampoco se
encuentra lo que está más allá de nuestros recursos actuales. El
escepticismo sirve también para saber que se puede buscar mal, esto es
buscar sin observar, mirar sin ver, y por otra parte que es deseable
entrenarse para observar lo que no se buscaba, ver sin mirar.
El escepticismo también nos enseña que nuestra relación con la realidad
es con nuestra invención de la realidad y a veces lamentablemente ni
siquiera con nuestra propia invención sino la de algún personaje
carismático o ni siquiera carismático pero que utiliza un medio masivo
de comunicación que siempre encontrará terreno fértil para hacer crecer
sus mentiras o sus conclusiones caprichosas.
Es parte del espíritu crítico reconocer que la convicción, que otorga
tanto color y dinamismo a las afirmaciones. nada hacen para convertirlas
en verdaderas ni le otorgan validez y que sólo cumple la función de dar
poder de contagiosidad a las ideas o “memes” como llama Richard Dawkins
a las ideas contagiosas. Esa convicción quizás no sea otra cosa que la
intolerancia a la duda. Los medios masivos de comunicación constituyen
el intermediario más eficaz de ese contagio. Diría que hablar con
convicción revela que el mensaje es al corazón y no al cerebro, entre
médicos debiéramos decir a la amígdala y no al lóbulo frontal
La
pretensión es que el escepticismo no sea una mezcla de desconfianza
paranoide y credulidad infantil Sin embargo es posible asistir a la
existencia en una misma persona de escepticismo en algunas áreas y la
mezcla de desconfianza paranoide y credulidad infantil en otras. Lo que
explica que aún científicos brillantes puedan comportarse con una
credulidad infantil en áreas ajenas a su especialidad
y que intelectuales importantes mantengan creencias creacionistas y que
ambos puedan caer en el fanatismo o que casi todos se entreguen a leer
el horóscopo.
En realidad esta observación es más optimista que la de Einstein quien
afirmaba que la estupidez humana, a diferencia del universo que es
infinito y limitado, es infinita e ilimitada. El escepticismo
constituiría el muro ante el cual algunos logran limitar la inherente
estupidez de la condición humana. Muro inútil cuando la mentira viene
oculta en los caballos de Troya informáticos o en el simple rumor.
La segunda reflexión es ¿porqué tanta gente no tolera el escepticismo y
necesita una certidumbre que la conduce al fanatismo? Les diré mi visión
sobre este punto. Así como existe el dogma que la naturaleza tiene
horror al vacío que se demuestra por las fuerzas que determinan que sea
ocupado por algo, existe en el ser humano un cierto horror al azar e
intenta reemplazarlo siempre por una causa con un efecto premeditado.
Una pregunta que cabe es ¿estamos tratando aquí con una condición
genética o una condición cultural?, de ser genético ¿será este gen único
de la condición humana?
¿Qué tiene que ver todo esto con lo que ustedes venían a escuchar? Creo
que todos ustedes suponen que he tenido un vasto contacto con pacientes
y que algo debiera haber aprendido de ellos, creo que todos ustedes
piensan que he tenido una amplia experiencia docente con alumnos, con
graduados y con pacientes y que algo debiera haber aprendido para
trasmitir y facilitar la adquisición de conocimientos a todos ellos.
También me gusta reconocer que 30 años dedicados a la investigación
clínica modelaron mi manera de pensar.
No sé si aprendí suficientemente pero les diré en qué consistieron mis
esfuerzos: 1º) prestar atención a los pacientes, 2º) tratar de
comprender visualizando imaginativamente los mecanismos que generaban la
expresión verbal y gestual de los pacientes y los mecanismos
fisiológicos encadenados desde el desencadenante patogénico hasta su
expresión, 3º) tratar de hallar la metáfora que hiciera comprensible
todo esto para el paciente y para el oyente, estudiante o graduado y
sobre todo para mi mismo. Es cierto que para todo esto hay que estudiar,
trabajar, reflexionar y equivocarse muchas veces sin desesperación pero
sin autoindulgencia, 4º) la medicina como ciencia nos impulsa a
considerar a cada paciente como una muestra de una enfermedad y destacar
lo que tiene en común con todos los demás pacientes que la padecen y al
mismo tiempo la medicina asistencial exige que reconozcamos sus
particularidades que lo convierten en el individuo que enfrentamos. Esto
último representa la necesidad de una síntesis de dos culturas, la
científica en busca de leyes generales y la humanística en busca de un
comportamiento ético solidario que ayude a la comprensión del otro.
Finalmente en la investigación he intentado desarrollar hipótesis
originales y tratar de probarlas o refutarlas experimentalmente pero he
carecido de la tenacidad de retomarla después que algunas circunstancias
me obligaron a abandonarla.
Quiero agregar lo que creo es una virtud excelsa del escepticismo, y es
que permite reconocer que el prestigio es tan sólo el reconocimiento
social a cargo de quienes carecen de las condiciones necesarias para
evaluar el merecimiento de ese prestigio.
Quizás ustedes se pregunten qué está pasando con la medicina, cómo era
ayer, cómo es hoy y cómo creo que será mañana, qué esperaban de la
medicina los pacientes ayer, qué esperan hoy y que creo esperarán
mañana, seguramente podemos decir que el presente no es lo que solía
ser, que el futuro nunca fue lo que uno esperaba y que ni siquiera el
pasado es lo que solía ser gracias al clásico fenómeno de la nostalgia
retrospectiva, el placer de la tristeza, que nos hace sentir que todo
pasado fue mejor. Esto en el recuerdo propio, en lo público el pasado se
manipula como en el 1984 de Orwell según conveniencias políticas.
La medicina ha sido por siglos y ya milenios, una actividad humanística,
arte y ética, y eso debiera perdurar. Hace apenas poco más de medio
siglo se hizo científica con pretensión de exactitud preñada de verdades
y esto también debiera perdurar. Hace unas pocas décadas se ha
convertido en una actividad eminentemente comercial, me parece que esto
no debiera perdurar.
He tenido la suerte de vivir el período de oro de la incorporación de la
ciencia a la medicina sin perder el afecto, el respeto y la comprensión.
La pediatría superaba la propedéutica y se lanzaba a la lucha contra la
enfermedad con armas elaboradas por la investigación clínica. Se trataba
de vencer a la enfermedad en actos médicos gloriosos, el diagnóstico y
la terapéutica racional. Luego fue la prevención exitosa de enfermedades
devastadoras como la polio y la fiebre reumática y aun de las menos
devastadoras pero graves como el sarampión y de otras infecciones menos
graves. La prevención es glorificante para investigadores y
administradores de la salud, para los médicos asistenciales se trata de
una simple rutina, salvar vidas ha quedado como un deporte de
intensivistas y cirujanos.
Es claro que a la ciencia le interesa fundamentalmente la exactitud,
esto es la verdad que es pasible de medición y el grado de probabilidad
previsible o predictibilidad de la ocurrencia de cualquier fenómeno.
Es claro también que al individuo y a la sociedad les debiera interesar
sobre todo lo importante.
Es muy importante que las conclusiones de la medicina científica estén
respaldadas por evidencias demostrativas pero eso no garantiza que esas
conclusiones sean importantes.
La ciencia se ocupa de la demostración de la verdad a sabiendas que su
validez, el alcance de esa verdad, es aproximativa e incompleta y que
finalmente esa verdad se convertirá en un error relativo, es que la
ciencia se eleva hacia verdades más abarcativas sobre los hombros de los
errores relativos.
La medicina que es ciencia y arte que se aplica a individuos ha puesto
cada vez más énfasis en la exactitud y de ahí la corriente de medicina
basada en la evidencia. El olvidarse de lo importante le ha valido, por
momentos, a esa medicina, el mote de cientificista.
El problema es que la evidencia puede ser de trivialidades, de objetivos
irrelevantes o de costos totalmente desproporcionados a los beneficios.
Exigencias del escepticismo médico debieran ser que los resultados de
las investigaciones se expresaran en términos más comprensibles, valores
absolutos y no porcentajes relativos, beneficios absolutos y no
relativos, analizar qué protege a los pacientes con riesgos que no se
efectivizan, quizás buscar factores protectores en esa población sea más
difícil pero cambiaría nuestro enorme esfuerzo para tener resultados
estadísticamente significativos y clínicamente despreciables.
¿Es enseñable el espíritu crítico?, es como preguntar si la tolerancia a
la incertidumbre es enseñable. La tolerancia a la duda se desarrolla
dentro de la formación de la personalidad con sus características
genotípicas y fenotípicas, es probable que requiera receptores y
neurotransmisores, es probable que esta tolerancia esté ubicada en
alguna parte del cerebro. Ante tanto desconocimiento las soluciones son
su estudio por un lado y el ejercicio de la tolerancia por el otro.
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La semiología es el arte de descubrir o
develar síntomas y signos cuya significación permite elaborar un
diagnóstico usando imaginación y conocimiento, información y
experiencia. La semiología devela síntomas con la anamnesis y signos con
el examen físico. La anamnesis es escuchar y preguntar, el examen físico
es observar, palpar, percutir y auscultar sin olvidar oler. El gustar es
importante pero no se utiliza en el examen físico médico.La
historia de la semiología se comporta como la ventilación pulmonar,
“first in last out” y “last in first out”. La semiología comenzó con la
anamnesis a la que se incorporó la observación, más tarde la palpación y
finalmente la auscultación. En el orden inverso se van perdiendo estas
habilidades ya no se ausculta, ya no se palpa, se observa cada vez menos
y la anamnesis se ha visto reducida a un interrogatorio escrito con
preguntas que se tildan por sí o por no.
Por
supuesto existen los nostálgicos de la semiología, los que escuchaban al
paciente, que preguntaban para aclarar o rescatar del olvido, los que
observan y buscan lo que se ofrece a la vista, los que palpan todo lo
que sea palpable y auscultan todo lo que sea auscultable, y no les va
tan mal en cuanto a utilidad para el paciente se refiere pero les va mal
porque todo esto demanda tiempo que nadie paga y exige el esfuerzo de
tolerar la incertidumbre ya que la certeza parece ofrecerse con métodos
auxiliares, por cierto con más costo económico, con más riesgos, con más
hallazgos incidentales que desviarán la atención del paciente al
hallazgo, con más regocijo para la industria médica y hasta con más
satisfacción de los mismos pacientes a los que se ha inducido a
exigirlos y con la calma que da a los médicos transferir la
responsabilidad a los especialistas de los servicios auxiliares.
El
problema no es si los diagnósticos son más precisos con métodos que no
podemos llamar más auxiliares porque se han convertido en primordiales,
el problema que debemos resolver es si se ganan más años de vida, si
siempre son necesarios para tomar decisiones y si los logros justifican
los costos. Si los médicos estamos en condiciones de limitar la
información inútil sin que para ello los administradores nos castiguen
por una demanda desmesurada de recursos.
La
semiología, la anamnesis y el contacto físico constituían las bases de
no sólo del diagnóstico sino también de la relación médico paciente, el
abandono de estos recursos será perder humanidad en la actividad médica,
perder el placer de resolver un diagnóstico con una pregunta oportuna,
con una auscultación que nadie ha hecho, con una palpación que descubre
dolor donde las ecografías, tomografías y resonancia no habían
demostrado anormalidad y hasta oler alcohol o tabaco en alguien que
niega alcoholismo o tabaquismo y permite un éxito asistencial que no se
logra de otro modo.
Quizás
no se trate del ocaso de la semiología sino el renacer de una nueva
semiología, la que pone el esfuerzo en el arte de descubrir lo que los
recursos auxiliares no consiguen hacer o lo hacen con mayor agresividad,
con mayor riesgo y siempre con mayor costo y diluyendo
responsabilidades. |
Parece absurdo encargar de
desarrollar este punto a un nonagenario cuando el ritmo de obsolescencia de
los conocimientos, las prácticas y hasta el lenguaje médico parecen superar aun
a los más jóvenes.
¿Me he preguntado por qué aceptaría
semejante encargo? seguramente el motivo debe ser la vanidad, primero es un
honor que me hayan invitado para esto y es por vanidad que puedo creer que lo
merezco , aunque es más probable que sea por temor a decir que no lo merezco y
esto sea interpretado como un gesto de arrogante humildad. Segundo porque creo
que puedo aportar alguna idea esto es sin duda vanidad, basado en que he sido
joven algunas vez, que me fue difícil encontrar el camino, que no me faltaron
obstáculos y derrotas, y quizás porque mi mayor virtud inconsciente fue entender
las derrotas en su acepción náutica, derrota es un camino.
Como decía Machado el camino se hace
al andar. Se camina hacia el futuro y se enfrenta continuamente divisiones que
ofrecen múltiples alternativas, como en un sistema digital 0 o 1, sí o no y
nunca se vuelve sobre el mismo camino, ya que para el regreso el camino ha
cambiado, esto es así desde Tales de Mileto hasta Einstein.
Me parece que el camino que se elija
debe tener una característica esencial, sentirse cómodo en él y reconocer que se
tienen aptitudes naturales para seguirlo, no me parece que la vocación sea otra
cosa. Tener vocación de andinista la tiene el que tiene capacidad de subir altas
montañas no el que sueña con ellas. Se sabe que se ha elegido bien el camino
cuando se es capaz de trabajar y estudiar para perfeccionarse con entusiasmo,
cuando uno resulta ser generoso en darse sin retaceos, ser agradecido por lo que
se recibe de enseñanza de maestros y colegas y agradecido por el reconocimiento
de los pacientes que ejercen así con nosotros una psicoterapia no remunerada..
El médico joven seguramente se
enfrenta hoy como se ha enfrentado siempre con cuáles son sus libertades de
elección; por supuesto sus posibilidades cambiarán de acuerdo con su contexto
económico y emocional que siempre amenazan con reducir el campo de las
libertades a prioridades más dependientes de las necesidades que de la
inteligencia emocional y la racional. Aun las decisiones más racionales deberán
atravesar la región prefrontal y la amígdala cerebral como sustentos de nuestro
libre albedrío.
Elección y oportunidad se mezclan en
distintas proporciones algunos harán una elección y buscarán o crearán sus
oportunidades otros aceptaran las oportunidades y se dejarán arrastrar por
ellas. En ninguno de los casos está asegurado el éxito duradero, puede ser tan
válido quemar las naves como dejarse un chinchorro por si acaso. Quizás lo más
importante es aceptarse como se es y confiar en las propias capacidades de
decisión.
En términos generales al médico joven
se le abren caminos asistenciales, caminos de investigación y caminos
administrativos. Para el primero hay pocas dudas que se hace necesario hacer una
residencia en lo posible expuesto a roles imitables y a duras exigencias, por
cierto nada de esto es muy frecuente. Esto es su formación y es fácil, lo que
sigue es como atiende a su subsistencia y esto es hoy difícil. Los cambios de la
medicina privada a la medicina pública, a la medicina de obras sociales y los
sistemas privados de prepago han modificado los criterios de pertenencia. Antes
el medico tenía sus pacientes o los pacientes tenían sus médicos, hoy el médico
atiende los pacientes de las instituciones que son sus patrones y los pacientes
eligen o están obligados pertenecer a instituciones. La consecuencia de esta
situación es que la subsistencia del médico pasa a depender más de satisfacer a
sus patrones que satisfacer a sus pacientes..
Para los que eligen la investigación
el campo es más restringido, hay pocos centros de investigación y pocas becas de
iniciación y la idea de completar la formación en el extranjero puede seducir o
asustar. La decisión será entonces si se vuelve, si se vuelve o si se elige
radicarse en un país con más oportunidades profesionales. Como todos saben la
Argentina es un exitoso país exportador de cerebros en actividad
Aquellos que elijan una actividad
administrativa verán a los pacientes convertidos en números, en la función
pública deberán superar la repugnancia de los enjuagues políticos y la
corrupción y en la función privada deberán satisfacer las exigencias de sus
empleadores. Aun en estos campos se puede descubrir que se posee una habilidad
natural y gozar en la superación de los obstáculos. También esto es vocación..
Sería ingenuo creer que los caminos
son sólo vocación y oportunidades, muchas veces no son ni lo uno ni lo otro.
Salidas casi desesperadas a conflictos emocionales, sociales y hasta políticos
empujan a tomar decisiones preñadas de angustia e incertidumbre que hacen poner
en duda si uno es dueño de su destino. Puede que a la larga ni todo esto importe
mucho si se posee gran capacidad de adaptación y un humor a toda prueba capaz de
sortear todas las instancias de abrumación a las que nuestro contexto nos
somete..
Resulta difícil aceptar que el azar
determine el camino más probablemente que la voluntad y la oportunidad. Se debe
estar preparado para esto, la incertidumbre acecha cada uno de nuestros actos y
hay que aprender a tolerarla, la intolerancia es un rasgo neurótico que hace
peligrar la racionalidad de cualquier decisión. En la vida común esta
intolerancia conduce al fanatismo y en la medicina al encarnizamiento
terapéutico, a la prevención innecesaria, al tratamiento excesivo y a estudios
injustificados en los viejos y en una utilización excesiva de recursos que hará
que la medicina no sea sustentable..
Un aspecto ineludible en cualquier
camino que se elija será la magnitud de la información requerida. La informática
pone a nuestra disposición toda esta información al alcance de la mano aunque a
veces no al alcance del bolsillo. De todos modos la información es una colección
muy completa de respuestas pero, ¿habremos aprendido a preguntar?,¿habremos
aprendido a distinguir respuestas veraces de las falsas?, ¿habremos aprendido
que hay respuestas con distinto grado de falsedad, un poco falsas, muy falsas y
enormemente falsas como hay respuestas veraces, muy verosímiles y casi
absolutamente ciertas por el momento?.
¿Habremos aprendido a encontrar
respuestas apropiadas a situaciones nuevas?..
La mayoría de los médicos jóvenes
ingresará en la carrera asistencial en servicios asistenciales públicos o
privados y pasarán a formar parte de una profesión devaluada por el exceso de
oferta médica, devaluada porque en general se le reconoce una formación
universitaria y hospitalaria deficiente, devaluada porque los recursos técnicos
desvían el destino e los recursos económicos, devaluada porque su retribución se
maneja como una variable de ajuste y devaluada ante los mismos pacientes que
descubren que el médico no les dedica el tiempo que ellos esperan. Devaluada
porque ya nadie espera que el médico piense.
Ante este paisaje desolador uno se
pregunta porqué los jóvenes eligen esta profesión. Creo que afortunadamente los
jóvenes gozan de un optimismo inveterado y porque se elige esta profesión cuando
se cuenta con un alma generosa. Nuevamente lo cito a Machado: “las moneditas de
plata puede convenir guardar, las moneditas del alma, esas, se pierden si no se
dan”. El médico es eso: un rico en moneditas del alma.
Howard Gardner un psicólogo
norteamericano, se hizo famoso con la publicación de su idea sobre las
inteligencias múltiples. Define la inteligencia como la habilidad para resolver
problemas y crear algún producto. Las diferentes inteligencias que propone son :
la lingüística, la lógica-matemática, la musical, la corporal, la espacial, la
interpersonal, la intrapersonal, la naturalista, la espiritual y la existencial.
Los caminos que el médico joven elige
deberán estar condicionados por una inteligencia intrapersonal, emocional y
racional que le permita reconocer sus propias inteligencias y falencias. Nada
peor que ser médico asistencial sin inteligencia interpersonal, nada pero para
un cirujano que carecer de inteligencia corporal y espacial, nada peor para un
investigador o diagnosticador que carecer de inteligencia naturalista que
permite reconocer en un individuo su pertenencia a una especie. No pretenda ser
investigador sin inteligencia lógica-matemática e inteligencia naturalista, no
pretenda ser administrador si no tiene inteligencia lógico-matemática e
inteligencia interpersonal.
La medicina ha sido paliativa, se
agregó luego ser preventiva higiénico-sanitaria, luego se agregó ó ser curativa
y correctiva, todos logros extraordinarias, finalmente, se le ha agregado ser
extorsiva, amenazar con muerte anticipada si no se corrigen riesgos, esto no me
parece un gran logro, médico.
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