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Palabras pronunciadas por el
académico Carlos Bertolasi al ser designado "Ciudadano Ilustre" del Gobierno
de la Ciudad de Buenos Aires Estimados
amigos: |
El 15 de agosto de 2002, en la Facultad de Farmacia y Bioquímca y por iniciativa de la decana de Bioquímica, doctora Regina Wikinski y un grupo de amigos - entre ellos los académicos Andrés O. M. Stoppani y Alejandro C. Paladini-, se realizó un homenaje a la señora Académica Christiane Dosne Pasqualini . Participaron varios oradores y culminó el acto con una exposición de la Dra. Pasqualini titulada Los distintos caminos de la vida, que se transcribe a continuación:
Two
roads diverged in a wood, and
I took the one less traveled
by,
And that has made all the
difference
Robert
Frost
The
road not taken
Le agradezco de todo corazón a
Regina Wikinski haber tenido la idea de este homenaje y con un grupo de amigos haberla
llevada a cabo en forma tan simpática. Agradezco a María Marta Bracco sus palabras y el
haber ideado mostrar tantas fotos de mi largo pasado. Las amistades son en este momento
una parte muy importante de mi vida.
Me costó aceptar ésta gentil
propuesta porque me emociono facilmente.
Lo que me convenció fue que
esta celebración coincidía con una fecha importante, la de los 60 años de mi llegada a
la Argentina desde el Canadá - que no son pocos años.
Llegaba el 14 de julio de 1942 - el día de Francia, mi país de origen - con una
Beca de la Federación Canadiense de Mujeres Universitarias, para trabajar con Bernardo Houssay en el Instituto
de Fisiología de la Universidad de Buenos Aires.
Se
preguntarán ¿ Por qué se me ocurrió venir a la Argentina ?
Desde 1939 en que me
inicié en la investigación con Hans Selye - el llamado genio de stress y el inventor de dicha palabra - en la Universidad de
McGill en Montreal, Canadá, había oido hablar de los trabajos de Houssay. Tambien había
oído hablar de Foglia quien un año antes había estado en Montreal aprendiendo a
extirpar la hipófisis en ratas, técnica
difícil que Selye había diseñado. Al preparar la discusión de mi tesis sobre "El
papel de la suprarrenal en la resistencia general" tuve que consultar unos trabajos
de Houssay. La Revista de la Sociedad Argentina de Biología y sus Resúmenes en Les
Comptes Rendus de la Société de Biologie de Paris -
que Houssay traducía personalmente al francés - llegaban hasta la biblioteca de la
Universidad de McGill. Yo no sabía castellano y un día mientras recurría los Resúmenes
en francés, completamente por casualidad, me alcanzaron un formulario de Beca de la
Federación Canadiense de Mujeres Universitarias.
Lo llené en base al trabajo de
Houssay, el que estaba consultando. Al año - un día antes de mi graduación con un
Ph.D., Doctorado en Medicina Experimental - esta Beca me fue otorgada y así fue como llegué a Buenos Aires el 14 de
julio de 1942.
Houssay y Foglia me esperaban y sus respectivas esposa y hermana me ayudaron a encontrar
una pensión. La única donde nadie hablaba ni francés ni inglés - esa era mi única
condición - era una pensión de estudiantes, en frente mismo del Instituto de Fisiología
en J.E. Uriburu 770. Allí estuve durante un año y allí aprendí el castellano
iniciandome con el lumfardo - en esa pensión estaba, entre otros, Diego Brage quien
después llegó a Profesor titular de Neurología de quien conservo muy buenos recuerdos.
Houssay me recibió en francés
- como a una hija - y siempre, aun mucho después, me hablaba en francés. En esa época,
yo tenía 22 años y era la primera becaria mujer en el Instituto; a los pocos meses
llegaba desde Rio de Janeiro una segunda becaria, Clotilde Soutomayo. Al Instituto
concurrían muchos médicos, ayudantes e investigadores - siempre habían algunos de otros
paises - con un promedio de edad de 28 años, y Houssay tenía 55 años. Había solamente
dos mujeres, Rebeca Gerschman y Dora Potik.
Encontré allí un ambiente
latino y una verdadera "alegría de vivir"
que no existía en mi universidad anglosajona. Houssay cumplía
estrictamente el full-time que se había impuesto, de 8 de la mañana a 7 de la tarde y su
total dedicación a la investigación era similar a la de mi maestro en Canada, Hans
Selye. Siempre parecía tener tiempo para explicar lo que sea, y para operar, en especial
perros y sapos - lo que le gustaba hacer personalmente. Houssay era especialmente cordial
con los investigadores, con un entusiamo desbordante por los múltiples temas que
dirigía. Seguía el curso de los experimentos de cada uno de sus colaboradores y
característicamente solía dejarles diariamente un papelito, con una sugerencia, con una
ficha bibliográfica, una idea o sencillamente "veame - BAH" (sus siglas que eran tambien las del sapo Bufo
Arenarum Hansel).
Visto retrospectivamente,
Houssay hacía la investigaciíon típica de la época, el modelo
"extirpación-extracto", es decir, sacar una glándula y recomponerla con su
hormona: esto era muy similar a lo que yo había hecho anteriormente con Selye en
Montreal. En ambos laboratorios, lo llamativo era la dedicación, la sistematización, y
la constancia con que se hacía, se escribía y se publicaba. Se ha calculado que en el
Instituto de Fisiología se publicaba un promedio de 250 trabajos por año.
Creo sinceramente que este
período de mi beca - julio 1942 - julio 1943 -
fue la época de gloria del Instituto. Pocos
meses después, Houssay, por lamentables razones políticas, tuvo que abandonarlo.
Por mi parte, durante ese año
trabajé intensamente, tanto con Houssay en sapos y perros como con Foglia poniendo a
punto la pancreatectomía en la rata; publiqué tres trabajos.
Tambien me divertí mucho,
principalmente con los investigadores del Instituto y los estudiantes de la pensión,
acumulando muchos buenos amigos, aprendiendo el idioma y recorriendo no sólo Buenos Aires
con sus teatros, bailes y restaurantes sino
tambien Mar del Plata, Bariloche, Córdoba y Entre Ríos.
Al final de mi estadía,
después de una cálida despedida de Houssay y sus colaboradores en el restaurante La
Esmeralda, me trasladé con otra Beca a Santiago de Chile, sintiendome literalmente
enamorada de la Argentina.
Con visión retrospectiva, a veces me he preguntado cuanto en la vida es
predestinado y cuanto es librado al azar. No
hay duda que los genes heredados contribuyen
a la vocación pero la activación de estos genes está librada al azar y ese azar debe ser aprovechado. En este sentido,
al elegir sucesivamente entre dos caminos posibles - tomando uno y descartando el otro -
uno va forjando su destino. Así es que quiero contarles brevemente algunos de los caminos
que elegí - además de mi Beca en el Instituto
de Fisiología - y que fueron determinantes de mi vida.
Por
ejemplo ¿Cómo llegué a elegir la investigación descartando la medicina ?
Para empezar, nací en Paris y
mis padres emigraron al Canadá cuando yo tenía 6 años. Mi padre era Ingeniero Químico
y llegaba para montar un laboratorio de investigación en celulosa para la producción de
rayon, la seda artificial, en Hawkesbury, un pueblito en la provincia de Ontario en la
frontera de Quebec. Cursé la escuela primaria y secundaria en un convento de monjas
franco-canadienses, pero los exámenes finales eran en inglés - una escuela totalmente
bilingue. Desde muy joven, yo quería ser como mi padre, pero las monjas no enseñaban
ciencia que según ellas no era para señoritas. Dí física y química libre y gané un
año lo que hizo que llegué a la Universidad de McGill en Montreal con una Beca, a los 15
años, un año antes de lo reglamentario, por lo cual necesité un mentor.
Como me había anotado en
Ciencias, con Orientación en Bioquímica, mi mentor fue el Profesor titular de la
materia, Dr. Thomson - famoso no sólo como profesor sino tambien como escritor de novelas
de suspenso.
Cuatro años mas tarde, al
graduarme con un B.Sc., el Dr. Thomson me
preguntó que pensaba hacer de mi futuro. Le dije que me gustaría muchisimo entrar en
Medicina pero que mi padre no me podía pagar la Universidad ya que le tocaba el turno a
mi hermano. Me miró y me dijo que viniera a verlo al día siguiente, lo que hice. Me hizo
entonces una propuesta insólita: me ofreció un puesto de Jefe de Trabajos Prácticos en
Histología diciendome que calculaba que podría tomar las clases teóricas a la mañana y
ayudar con los prácticos a la tarde. Acepté el desafío - tomando ese nuevo camino -
incorporandome a la Facultad de Medicina de la Universidad de McGill en Montreal el 1 de
setiembre de 1939 - el primer día de la Segunda Guerra Mundial.
Eramos 4 mujeres de un total de
80, sin cubrir el cupo de 10% para mujeres. Para
los trabajos prácticos tuve la ayuda del profesor adjunto; el primer año se trataba de
Jack Dalton quien más tarde tuvo a cargo el primer microscopio electrónico del National
Cancer Institute de Bethesda, mientras que el segundo año, se incorporó Charles Leblond,
destacado citólogo recien llegado de Francia a quien tenía que ayudar con el inglés.
El profesor titular de
Histología era Hans Selye - de quien les hablé anteriormente - y desde el primer día me
incorporó a su proyecto de investigación. Estudiaba el stress del punto de vista
fisiológico, con sus 3 etapas, la reacción de alarma, la de adaptación y la de
agotamiento. Me gustaba mucho la
investigación y muy pronto Selye me propuso
proseguir directamente hacia el doctorado sin cursar las materias clínicas. Acepté - tomé este nuevo camino - y me gradué en 1942
con un Ph.D. en Medicina Experimental en lugar del título de médico, M.D., que recibían
mis compañeros.
Camino
siguiente ¿ Cómo elegí casarme y volver a la Argentina ?
En 1942, antes de tomar el
barco en Nueva York para venir a la Argentina participé en una reunión de la Sociedad
Internacional de Endocrinología en Atlantic City donde me ocurrieron tres cosas
interesantes.
Al enterarse que iba a trabajar
con Houssay, Herbert Evans - el descubridor de la hormona de crecimiento - me pidió de
rodillas, literalmente, que le mandara detalles de la vida de Houssay ya que quería
escribir su biografía - ojalá lo hubiera ayudado (ese camino, no lo tomé).
Asistía a esa reunión
Alejandro Lipschutz quien me dijo que si al terminar mi año en Buenos Aires, quisiera ir
a trabajar con el en Santiago de Chile, me ofrecía una Beca Rockefeller - ese camino sí
lo tomé - y un año después estuve 6 meses en su laboratorio donde se estudiaba la
fibromatogenesis inducida por estrógenos en cobayos.
En tercer lugar, Hans Selye, al
despedirme, me manifestó que tenía mucho interés en la complementación entre la
Argentina y el Canadá y que si encontraba un investigador que tuviera interés en
trabajar con el, le conseguiría una Beca del Royal Bank of Canada. Así fue como Rodolfo
Pasqualini llegó a Montreal mientras yo estaba en Chile.
Había conocido a Rodolfo en el
Instituto de Fisiología poco tiempo después de mi llegada. Me invitaba a remar en el
Tigre con una pareja amiga todos los domingos que no estaba de guardia en el Hospital
Militar. Con ellos me divertía mucho y de paso me corregían mi castellano ya que los
estudiantes de la pensión me enseñaban principalmente lumfardo - se divertían con eso.
Con Rodolfo nos reencontramos
en Montreal y luego me venía a visitar a la Universidad de Yale. Allí, al volver de Sud
America, yo había conseguido otra Beca para trabajar con C.N.H. Long, profesor de
Química Fisiológica, esta vez estudiando el efecto de la Vitamina C en el shock
hemorrágico en el cobayo.
Al terminar su año con Selye
en Montreal, Rodolfo me dio una semana para decidir si aceptaba casarme con el o no. Fue
una elección nada fácil. Era un camino difícil de tomar. Tenía 24 años y desde la
Universidad de Yale, tenía un amplio panorama de posibilidades de investigación donde
quisiera ir, tanto en EE.UU. como en Canadá, mas en plena guerra cuando las mujeres en
investigación eran muy buscadas. Pero el insistía mucho y yo estaba enamorada - y
tambien de su país como dije anteriormente. Finalmente, dije que sí, pero con la
condición que nunca trabara mi trabajo, a lo cual Rodolfo añadio su condición, que
fuera siempre en la Argentina, ya que no quería vivir fuera de su país - ambos hemos
cumplido con nuestras condiciones.
El Dr. Long
aceptó acortar mi Beca pero no podía entender como había aceptado volver to
that country, full of revolutions and where you will not be able to do any work
- tal vez, acertó en el 50%.
Nos casamos en la iglesia de
Hawkesbury en mi casa paterna el 30 de noviembre de 1944. Volvimos a la Argentina desde
Nueva Orleans en el Rio Jachal, el mismo barco con el cual había retornado al hemisferio
norte 6 meses antes.
Adopté la nacionalidad
argentina de muy buenas ganas y nunca me arrepenti de haber eligido ese camino.
Cómo
combiné mis dos prioridades: mi familia y mi investigación.
Por mi formación como
investigadora me resulta mucho mas difícil hablar de mi familia que de investigación,
donde se purgan los hechos de toda emoción. Hablar de sentimientos es otra cosa y para mi
resulta muy emotivo.
Con Rodolfo teniamos muchas
inquietudes en común pero otras algo diferentes. Yo estaba muy acostumbrada a una total
independencia y el tambien. El primer año de matrimonio resultó ser el más difícil
pero pronto nos adaptamos a la nueva situación y nuestro matrimonio de 58 años fue y
sigue siendo armonioso, seguramente en base a mucho afecto, en realidad a mucho amor. Es una gran lástima que por fuerza mayor no pueda
compartir este momento conmigo.
Al volver a la Argentina, en
seguida entré en el Hospital Militar donde seguí trabajando en shock hemorrágico en
cobayos inclinandome cada vez mas hacia la hematología. Luego hice investigación
acompañando a Rodolfo en el Instituto Nacional de Endocrinología que el fundó en 1948 y
en el Instituto Modelo del Hospital Rawson cuando ganó el concurso de Profesor Titular de
Clínica Médica.
Mientras tanto, tuvimos 5
hijos, entre 1947 y 1953, 5 en un lapso de 6 años, empezando con gemelas seguidas de tres
varones. Empezar con mellizas hizo que con los 3 siguientes que vinieron de a uno, todo
parecía mucho mas fácil.
Los cinco se criaron muy juntos
y no me acuerdo haber tenido problemas de escuela ni de deberes. En realidad tengo la
sensación de que esos años - que fueron muy felices - pasaron demasiado pronto. Nunca
dejé de trabajar aun cuando eran chicos, gracias a la indispensable ayuda de mi María,
una fiel gallega que estuvo conmigo hasta su muerte a los 95 años.
Conocí el especial goce del
amor materno y con Rodolfo hemos disfrutado ampliamente de nuestros hijos que fueron
nuestra alegría lo mismo que de los 17 nietos que nos dieron.
Nuestro cinco hijos fueron a la
Universidad de Buenos Aires; tres son médicos: Diana
y Titania son pediatras dedicadas a adolescencia y a endocrinología y Sergio es
ginecólogo con orientación en fertilidad asistida; el cuarto, Enrique, es físico
investigando en fullerenos en la CONEA mientras que el menor, Héctor, es ingeniero
industrial en ESSO.
Tenemos además 1 yerno, Hugo
Arroyo, neurólogo, y 3 nueras, Haydée, Viviana y Claudia quienes constituyen un valioso
y muy querido aporte a nuestra familia. En
nuestros 17 nietos, que van de 28 a 8 años, se perfila una fuerte orientación hacia la
medicina y la investigación: 2 ya son médicos, a una le falta poco para serlo y dos mas
lo están pensando, uno es ingeniero químico y otra en vía de serlo, una es diseñadora
gráfica y otra va por ese camino, una estudia abogacía y los demas están todavía en la
escuela.
El hecho es que además de
nuestra unión y nuestra familia, tanto Rodolfo como yo tuvimos en paralelo una importante
vida profesional. La suya se refleja en su libro En busca de la medicina perdida
que abarca sus 50 años de médico y su intensa vida interior, mientras que la mía abarca
principalmente mis 45 años en un Instituto de la Academia Nacional de Medicina.
Otro
camino emprendido: La Sección Leucemia Experimental del Instituto de Investigaciones
Hematológicas de la Academia Nacional de Medicina
En 1957, a raíz de un
curso de hematología, Alfredo Pavlovsky me propuso organizar una Sección Leucemia
Experimental. Emprendí ese desafío - ese nuevo camino en investigación básica - y con
Rabasa empezamos a trabajar el 14 de setiembre - hace ya 45 años. Al poco tiempo se
incorporó Ezequiel Holmberg y poco a poco pudimos convencer a Pavlovsky que el
investigador necesita completa autonomía para el desarrollo de sus proyectos - no fue
siempre fácil.
Al inicio tenía una Beca de
FUNDALEU - en el tiempo de Angélica Ocampo - en aquel entonces y hasta el día de hoy
FUNDALEU nunca dejó de ayudarnos, diría que a menudo haciendo posible lo que parecía imposible.
En 1962 ingresé en la Carrera
del Investigador del CONICET que recien se abría - hace 40 años. Hay que reconocer que
el CONICET fue y sigue siendo la salvación de los investigadores asegurandoles su
subsistencia y permitiendoles trabajar. De hecho, los 55 investigadores de nuestro
Instituto pertenecen al CONICET. Hoy soy
Investigador Emérito con un contrato del CONICET.
A lo largo de esos 45 años, se
investigó la etiopatogenia de la leucemia y del cáncer de mama añadiendo nuestros
granos de arena a la lucha internacional contra el cáncer. Nos iniciamos con
la teoría viral del cáncer hasta llegar a la actual teoría génica. Se enfocó el
problema principalmente con experimentos in vivo sobre la base de un criadero de ratones
endocriados, mantenido por un Instituto del CONICET, Instituto Leucemia Experimental,
ILEX.
Un criadero propio permitió
hacer experimentos de larga latencia, los que condujeron a nuestros resultados mas
originales, como fue por ejemplo, con Claudia Lanari,
la inducción de cáncer de mama con sostenidas dosis de progesterona, y con
Isabel Piazzon y sus colaboradores, las distintas variantes del virus del tumor mamario
murino, MMTV.
Con nosotros se formaron mas de
60 investigadores, algunos de los cuales llegaron a ocupar importantes puestos tanto
nacionales como internacionales, como Ezequiel Holmberg, César Vasquez, Nurit Saal, Jorge
Ferrer, Elisabeth Colmerauer, Lia Rumi, Daniel Filippa, Raul Braylan, Miguel Angel
Basombrío, Marta Braun, Daniel Sordelli, Alejandro Mayer, Fernando Benavides, etc..
Convencida que no se debe
bloquear el escalafón y que se debe pasar la posta, desde hace 10 años la División
Medicina Experimental y hoy el Instituto ILEX-CONICET están bajo la dirección de Isabel
Piazzon, mientras que yo sigo trabajando en el Tercer Piso; algunos como Juan y Antonio llevan muchos años conmigo, otros como
Oscar y Raúl siguen discutiendo conmigo sus trabajos definitivamente sui generis, y me
siento muy a gusto entre todas estas investigadoras y becarias que siguen incorporandose ,
y que me parecen cada vez mas jovenes - sin olvidar a Tito y los 6000 ratones.
En 1991 fue elegida Miembro
Titular de la Academia Nacional de Medicina donde con orgullo considero que tengo 34
buenos amigos; después de 11 años sigo siendo la única mujer - lo que estoy tratando de
remediar y que seguramente cambiará en los próximos años.
Otro
camino recorrido: la revista Medicina (Buenos Aires).
En 1967 - hace 35 años -
Pavlovsky me propuso que lo reemplazara en el Comité de Redacción de la revista Medicina
(Buenos Aires) lo que acepté de muy buenas ganas. Siempre me gustó escribir y además
con Alfredo Lanari me unía una amistad muy particular que se remontaba a mis primeros
días en la Argentina. Todos estos miercoles a mediodía - hasta el día de hoy - en el
Instituto de Investigaciones Médicas hoy Instituto Alfredo Lanari, fueron testigos del
placer de compartir el auténtico aprendizaje de editor, entre personalidades fuertes que
se avinieron a discutir como amigos - y todos seguimos siendo muy buenos amigos.
El
camino del investigador y el status actual de la mujer
Se calcula que de los graduados
universitarios menos del 1% se dedican a la investigación. Personalmente estoy convencida
que dicha vocación está ligada a un gen, pero para que ese gen se active hay que saber
bien lo que se quiere y aprovechar las circunstancias, que en realidad significan
primordialmente encontrar un director de investigación. Se aprende el llamado método
experimental de la mano de un director, lo mismo que
se aprende el primer idioma de la mano de la madre.
Aun en este momento tan
difícil, los jovenes con vocación para la investigación siguen acercandose a nosotros
con el entusiasmo de siempre, trabajando literalmente en "torres de marfil"
evitando así contaminarse con el pesimismo del ambiente - con la diferencia que hay cada
vez mas mujeres involucradas.
En Medicina, en mi caso, en
1940, eramos la excepción, apenas 4 mujeres de 80 postulantes, el 5%, mientras que en
1970 cuando mis hijas se recibieron de médicas, había un 33% de mujeres, y en el 2000 al
recibirse mi nieto, ya eran el 55 %. Esto vale decir que en sólo 60 años - en 3 generaciones - la mujer llegó a igualar al
hombre en medicina - en número y tambien en eficiencia. Tengo la impresión que en
nuestro país este cambio tan drástica se hizo casi sin sentir, sin la discriminación
que expresaron autoras americanas, por ejemplo en el libro de una de ellas, titulado Why so slow ? The
advancement of Women (¿Por qué
tan despacio el ascenso de la mujer en ciencia ?). Esto parece extraño con los datos
nuestros.
En este sentido, esta Facultad de
Farmacia y Bioquímica tuvo una característica muy particular: ya en 1957 las mujeres
conformaban el 50% de los graduados, aumentando al 70% en 1976 y a más del 80% a partir
de 1983; las docentes mujeres hoy igualan a los hombres y por segunda vez el decanato
está en manos de una mujer; la primera fue Juana Pasquini y actualmente lo es Regina
Wikinski.
¿Por
qué esta irupción temprana de mujeres en Farmacia y Bioquímica ?
Esto fue la pregunta que
me hicieron cuando me tocó presentar estos datos - tan llamativos porque no se los han
visto en otros paises - hace unos años en una reunión de Mujeres del Tercer Mundo en
Trieste en la Academia de Ciencia del Tercer Mundo. Mucho no pude contestar, pero me puedo
imaginar dos razones: la mujer podía facilmente atender una farmacia sin abandonar su
hogar, y/o había tanta resistencia a la idea de una niña en la Facultad de Medicina,
especialmente en la Cátedra de Anatomía, que el acceso a ésta Facultad era más
apetecible.
En este momento, no hay duda
que una mujer puede ser tanto médica y/o investigadora como esposa, madre y abuela. Sólo
necesita aptitud y vocación - saber bien lo que quiere - dedicación y perseverancia.
Esto incluye no cortar la continuidad de su trabajo aun cuando los niños son pequeños
porque el progreso es tan veloz que interrumpir es desactualizarse peligrosamente.
La pregunta siguiente es
obviamente ¿ hasta cuando ? Ahí comparto lo
que dijo Houssay en su discurso en el homenaje a sus 80 años : La obra humana
debe ser ininterrumpida durante toda la vida hasta que la detenga la muerte. Cada hombre
debe trabajar continuamente para sì y sus semejantes, mientras lo permitan su salud
fìsica y mental. ..No considero un ideal humano aconsejable el querer jubilarse para ser
inactivo, lo que daña el cuerpo y el alma y a la sociedad."
Para finalizar quiero compartir
con Ustedes la enorme satisfacción que me dío mi nieto José Martín Comás de 25 años,
hijo de Titania. Recién graduado de Ingeniero Químico en la UBA se fue a Paris este 14
de julio - de nuevo esta fecha ¿simple coincidencia o azar determinante? - con una Beca
Eiffel a la Escuela de Química y Fisíca de Paris, la misma escuela de donde salió mi
padre en 1914. Mi abuelo a su vez era Ingeniero Químico e investigador, por lo cual con
José se completa la quinta generación -
prueba indudable que los genes tienen algo que ver.
Muchas gracias a todos ustedes.
Por su presencia me demuestran una amistad que valoro mas que nunca y que me llena de
satisfacción y de alegría.